¿Sabías que hasta 2015 había una ley en Islandia que permitía matar vascos? Sí, sí, matar a ciudadanos del País Vasco.

¡Cómo lo oyes!, pero primero déjame que te cuente esta fascinante historia.

Corría el siglo XVI cuando en el mar Cantábrico proliferó la industria ballenera. El bien más preciado de estas aguas era la ballena franca glacial, aún conocida a día de hoy como la ballena de los vascos y que hoy está en grave peligro de extinción.

¿La ballena de los vascos?, sí, sí, ¡en aquellos tiempos los vascos eran los mejores cazadores de ballenas del mundo!

Tras la dura tarea de cazarlas, comerciaban con su cotizadísima grasa, que se utilizaba como aceite para alumbrar, con su carne, con sus barbas que se utilizaban para la fabricación de corsés y con sus huesos que se utilizaban para hacer elegantes muebles.

Pero los balleneros vascos no faenaron solo en el Mar Cantábrico en busca de ballenas y bacalao. Llegaron hasta las costas de Islandia, Groenlandia y hasta territorios de la actual Canadá.

Estas expediciones podían durar hasta 9 meses, durante las largas travesías la falta de alimentos frescos hacía que muchos marineros enfermaran de escorbuto y acabaran muriendo. Cosa que no sucedía en los barcos vascos. No es que estos fueran superhombres (bueno, o quizá sí…).

La clave estaba en la gran cantidad de barricas de sidra que portaban en sus bodegas. Esta bebida hacía los efectos de pócima secreta, una especie de medicina que les proporcionaba las cantidades de vitamina C necesarias para no enfermar y que no era conocida por otras naciones.

¿Es cierto eso que se dice de qué fueron los vascos los que descubrieron América y no Cristóbal Colón?

Cuentan las leyendas que los vascos llegaron a Terranova, en la actual Canadá, hacia 1375 y decidieron guardar el secreto para evitar compartir con otras flotas los prodigiosos caladeros de la zona.

Jacques Cartier, el marino francés que dio nombre a Canadá, cuando llegó al territorio Norteamericano en el Siglo XVI encontró centenares de barcos pesqueros vascos.

Fue tal su influencia comercial en la zona que hasta Thomas Jefferson, tercer presidente estadounidense, en 1788, dijo que “los vascos lo empezaron”, ya que fueron los balleneros vizcaínos y guipuzcoanos quienes introdujeron la captura ballenera a nivel comercial y convirtieron esta práctica en la primera actividad industrial de América del Norte.

Tal fue el contacto de los vascos con los inuits (los mal llamados esquimales) del norte de Canadá, que cuando los exploradores franceses entraron en contacto con los indígenas de Terranova, estos les saludaron en euskera, “Apezak hobeto!”.

Existía la costumbre entre los marineros vascos de responder a la pregunta “Zer moduz?” (¿Qué tal?), con la frase: “Apezak hobeto!” (¡Los curas mejor!) y se la enseñaron a los inuits.

Otra consecuencia de esta conexión fue la existencia de un pidgin (una mezcla de idiomas que no se desarrolla lo suficiente para ser un idioma independiente). El pidgin vasco-algonquino fue usado por algunas de las tribus del norte de Canadá.

Cosa que también sucedió en Islandia, donde apareció también un dialecto vasco – islandés, De hecho, documentos islandeses acreditan la llegada de balleneros vascos ya en el año 1613, pero es probable que llegasen muchos años antes.

¡Sí!, ¡también en Islandia!, donde tuvo lugar la trágicamente famosa Spánverjavígin, la conocida como «la matanza de los españoles», la mayor masacre en la historia del país nórdico. 

Seguro que algo te dice que los vascos no acabaron muy bien allí precisamente.

Los islandeses no sabían cazar ballenas, esto era tarea de los vascos, estos pagaban tasas directamente a los islandeses, y no al rey de Dinamarca, por cazarlas, y también se compraban y vendían mercancías entre ellos.

No obstante, esta buena relación que había entre vascos e islandeses no pudo impedir la matanza que iba a suceder en Islandia aquel invierno.

En el verano de 1615 tres buques balleneros vascos atracaron en las costas de la región de Vestfiroir, la temporada de caza de ballenas fue todo un éxito. Tras finalizarla los balleneros estaban listos para volver a sus casas, pero una gran tormenta empujó a los barcos contra los fiordos haciéndolos astillas.

Los vascos lo habían perdido todo, 83 marineros quedaron en tierra, con lo puesto, completamente mojados y a las puertas del frío y árido invierno islandés.

Islandia llevaba varios durísimos inviernos de frío y hambruna. No había alimento suficiente para todos los habitantes de la isla y menos si había extranjeros allí. Aquello fue el caldo de cultivo para lo que vendría tan solo unos días después.

Los supervivientes se dividieron en varios grupos, el grupo dirigido por Martín de Villafranca, no sobreviviría para contarlo. Las tripulaciones del capitán Aguirre y del capitán Tellería, 51 hombres en total, ajenos a lo que les iba a suceder a sus compañeros, consiguieron huir y pasar el invierno en el otro extremo de la isla. Por fin, meses después, tras conseguir un barco, zarparon de regreso a San Sebastián.

 Los 32 de Villafranca, todos guipuzcoanos, fueron víctimas de la persecución organizada por parte del gobernador Ari Magnússon. Los vascos sufrieron una muerte tan cruel como atroz, sus cuerpos fueron descuartizados, les arrancaron los ojos y las orejas y sus despojos fueron arrojados al mar.

Martín de Villafranca recibió un fuerte hachazo en el hombro, a pesar de la gravedad de la herida, logró escapar, se lanzó al mar y comenzó a nadar a gran velocidad.

Los islandeses nunca habían sido testigos de tal milagro, ¡ellos no sabían nadar!

Pero de poco le sirvió a Villafranca su agilidad en el agua, fue alcanzado en la cabeza por una piedra y ya en la orilla con un cuchillo lo rajaron desde el pecho hasta el ombligo. Tras intentar ponerse en pie, el donostiarra murió allí mismo a la edad de 27 años.

La razón de toda aquella orgía de sangre, más que impartir justicia, fue una estrategia política del gobernador Ari Magnússon que lo realmente buscaba era ganarse el favor del Rey de Dinamarca, que había autorizado el uso de la violencia frente a quienes pusieran en peligro su monopolio mercantil, promulgando la famosa ley, hasta hace unos pocos años aún en vigor, que permitía matar vascos.

En 2015 ante la presencia de autoridades vascas, irlandesas e islandesas, en las mismas costas que vieron morir a los marineros vascos y tras un abrazo entre descendientes de ambas partes, por fin se derogó esta ley que aunque no se había puesto en práctica desde aquel terrible suceso en el siglo XVII, enterraba por fin el hecho más sangriento en la historia de Islandia, el injusto ajusticiamiento de los balleneros vascos.

Así que afortunadamente, desde 2015 ya no está permitido matar vascos en Islandia 😉

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Placa conmemorativa de la matanza de los marineros vascos en 1615, inaugurada en 2015 en Islandia, tras el acto oficial que abolió la ley que permitía matar vascos.

www.guruwalk.com


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