Siempre ha resultado muy interesante viajar a Cuba, no se sabe si es su historia, sus años de misticismo y soledad, su arquitectura colonial, su aparente independencia, o su interesante y criticada política. Es un país muy interesante para conocer y visitar, sobre todo en su capital, ya que hay mucho qué ver en la Habana.  

La Habana es la ciudad más importante de Cuba, es ahí en donde están concentrados los atractivos turísticos. La ciudad se encuentra al occidente del país, y limita con Florida, Yucatán (México), Jamaica, Haití y las Bahamas.  

La mejor forma de ver y visitar La Habana: hacer un free tour

Si quieres conocer y descubrir los secretos que esconde una ciudad como esta, reserva un free tour en La Habana. Recorrerás los lugares imprescindibles junto a los mejores guías locales que te mostrarán los rincones que parecen ocultos a los ojos de los turistas.

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¿Qué ver en La Habana en 1 o 3 días (escapada de fin de semana)?

La Habana Vieja fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por su gran contenido de historia, cultura y arquitectura. Al ir a la Habana, hay que visitar lugares imprescindibles como sus librerías, casas de cultura, salas de video, teatros, cines, museos, casas de trova, bibliotecas, galerías de arte, salas de teatro…

Otra cosa que hacer en la Habana es visitar el centro de la Habana Vieja, ya que hay una gran cantidad de lugares que merecen la pena ver, como el Castillo de la Fuerza Real, el Museo Marítimo, el Fuerte, el Capitolio Nacional, la Catedral Barroca de San Cristóbal, su Plaza, entre otros. 

Se puede viajar a la Habana en cualquier época del año. Su vegetación es abundante, lo que la hace un lugar acogedor con zonas de paisajes naturales impresionantes, incluso es catalogada como una de las tantas “Ciudad jardín” del mundo. Su clima es cálido durante la mayor parte del año y algo fresco en invierno, lo que hace que la estancia en la Habana no tenga fuertes altibajos climáticos.

1. La Habana Vieja

Al planear un viaje a Cuba, lo primero que se debe hacer es investigar cuáles son los lugares más emblemáticos, indispensables y fundamentales que visitar. En este caso, la ciudad más importante de país es La Habana, sobre todo la zona antigua.

La Habana Vieja se considera el Centro Colonial más importante de América y del Caribe. Es donde encuentra el centro histórico de la ciudad, el cual conserva varios atractivos histórico-culturales, una parada obligatoria para todo viajero. 

En 1982 la ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por lo que desde entonces se ha ido restaurando con toda calma. El objetivo es regresar al lugar ese antiguo esplendor que tanto caracteriza a la ciudad. Poco a poco se ha ido logrando crear una atmósfera antigua, 200 años que han vuelto a la vida y hacen de La Habana una ciudad muy especial. En este entorno, los edificios han logrado transmitir su orgulloso pasado

Al norte de la calle Lamparilla situada en La Habana Vieja, se puede revivir en carne propia el pasado, es una calle mítica que se recomienda recorrer de arriba a abajo. Además, ahí es donde se concentra la mayor parte de sus atractivos turísticos

Top lugares imprescindibles que ver en La Habana

Otro de los recorridos imprescindibles que se deben hacer en esta zona es caminar por la calle Obispo. Es la calle más importante del centro de la ciudad, y muy cerca de ella se encuentra la Plaza de la Catedral, la Plaza de Armas y el Castillo de la Real Fuerza. Así como los más destacados y famosos restaurantes, como son La Bodeguita del Medio y El Floridita. Lugares simbólicos a los cuales no se debe dejar de ir al visitar La Habana.  

Como en todos los países del mundo, no hay nada como recorrer sus calles andando. Es la manera más franca y palpable de conocer realmente su historia, la magia, la cultura y a sus personas. En la Habana Vieja se puede visitar Museo de la Ciudad, el Museo de Arte Colonial, la Casa de la Obrapia, La Casa de África y el Templete. 

Así como no debe faltar en ningún recorrido, la Estación Central de Ferrocarriles, la Alameda de Paula y la Iglesia de Paula. Sin olvidar el Museo Casa Natal de José Martí, dar un paseo por la bahía de la Habana, el Cristo de la Habana, el Palacio de la Artesanía, la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y el Castillo de los Tres Reyes del Morro.

También es recomendable dar paseos en carreta tirada por caballos por la zona. Hay conductores que son excelentes guías, y quién mejor que alguien de allí para contar con sus palabras y sus conocimientos, los relatos históricos y sociales. En general, los guías de la ciudad destacan por conocerla en profundidad. Por lo que se les puede pedir recomendaciones de bares y restaurantes en donde se pueda pasar a comer o cenar, o incluso bares donde tomar su tradicional mojito y bailar al son cubano

2. Malecón Habanero

El Malecón Habanero es uno de los atractivos imprescindibles que visitar en la Habana, ya sea por vía marítima o por vía terrestre. Se trata de un gran paseo de ocho kilómetros de largo que lleva al viajero a vivir historias emotivas y llenas de recuerdos inolvidables en su muro, el cual sirve de asiento a miles de personas que contemplan la inmensidad del mar. Lo más recomendable es parar, admirar el mar, y dejar correr el tiempo entre la tranquilidad que se respira y el ambiente de los vendedores ambulantes. El entorno que se crea es único y merece la pena vivirlo. 

Este paseo, como es conocido en la actualidad, se llamaba Avenida del Golfo, sin embargo pasó a conocerse en todo el mundo como Malecón. Este espacio que va desde la Bahía de la Habana hasta el Torreón de San Lázaro es el que se utilizaba como lugar de ocio y recreación de los habitantes de la Habana.

Fueron los norteamericanos quienes construyeron los dos primeros tramos a tan solo cuatro metros sobre el nivel del mar, el primero en 1901 y 1902, con el objetivo principal de detener las inundaciones durante los meses de invierno. Aunque desde el inicio el uso del Malecón fue comercial, servía como línea de ferrocarril o almacén, y quizá también como muro defensivo militar. 

Actualmente en el Malecón habanero se reúnen los enamorados, los poetas, los filósofos, los trovadores y los pescadores, entre otros. Es un precioso lugar que transmite magia, encanto y paz. Además, no hay viajero que visite el malecón y no disfrute de su atardecer. Las vistas y el ambiente que se crea es totalmente mágico, y las emociones están a flor de piel. 

Fue ideado para satisfacer los gustos, necesidades y exigencias de la clase media de la Habana. Creció con rapidez procurando reunir dentro de su arquitectura las tendencias de la época, los valores y las ideas de diversos estilos en uno solo, el llamado modernismo español. La carretera del Malecón de la Habana, tiene seis carriles y contiene varias construcciones antiguas que actualmente se encuentran en remodelación. Está rodeado de innumerables tesoros y de complejos arquitectónicos que merecen ser vistos, ya que rinden homenaje a aquellos que lucharon en las guerras de independencia cubana.

Lo mejor es coincidir con las fechas del carnaval e ir al Malecón, donde se muestran las costumbres, la mezcla de razas y grandes y vistosas carrozas. Además, la divertida música da vida al reguetón, la salsa y al sonido tradicional de los tambores cubanos. En esta celebración el Malecón se alarga desde el Castillo de La Punta hasta desembocar en el río Almendares. 

Hace algunos años, en la parte final del Malecón se construyó la Tribuna Antiimperialista como símbolo de la resistencia del pueblo cubano contra Estados Unidos, en donde ahora se levantó el Monte de las Banderas. Con este sello imborrable este lugar reúne a miles de habaneros protagonistas de las marchas del pueblo. Actualmente, aparte de ser un lugar de pescadores, es un lugar de entretenimiento, en donde hay muchas personas disfrutando de todo lo que el Malecón ofrece.

3. Capitolio Nacional de Cuba

Una de las construcciones más simbólicas de la ciudad de la Habana, es el Capitolio Nacional de Cuba, similar al Capitolio de Washington D.C. en Estados Unidos. Se encuentra en el Municipio Centro Habana, y su construcción fue dirigida por el dictador en turno, el señor Gerardo Machado en 1926 con todo el apoyo de Estados Unidos. Para lograr concluir la construcción del Capitolio tuvieron la necesidad de contratar a más de cinco mil obreros y se invirtieron varios millones de dólares americanos.

En la actualidad el Capitolio acoge la Academia Cubana de las Ciencias y también la Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología. Aunque hoy en día éste último se encuentra temporalmente cerrado por remodelaciones programadas. Antiguamente fue usada como sede del Congreso Cubano. 

El Capitolio fue construido con granito y piedra caliza blanca. La cúpula se hizo de piedra también y mide unos 62 metros. Debajo de la cúpula hay una réplica del diamante de 25 quilates que perteneció al último zar ruso, con este diamante se marca el kilómetro cero de todas las carreteras cubanas. 

En su entrada hay seis columnas del orden arquitectónico clásico que resguardan el recinto. En la parte más alta hay dos esculturas de bronce, un hombre y una mujer, hechas por el italiano Angelo Zanelli de más de 6 metros de altura. Dentro del Capitolio hay varias salas, entre las que se encuentra el Salón de los Pasos Perdidos, que de todos es el que mejor acústica tiene. En el centro se puede no hay que perderse la Estatua de la República, la cual fue hecha en Roma y tiene 14,60 metros de altura y más de treinta toneladas de peso. La estatua representa al pueblo y el trabajo de Cuba. 

El Capitolio fue declarado Monumento Nacional en el año 2010. La cúpula fue restaurada y se encuentra nuevamente brillando después de años de trabajo en su remodelación, ya que cuenta con planchas de oro donadas por Rusia. El desvelado no fue una inauguración oficial, pero el evento fue muy emotivo para los cubanos y fue el Historiador Eusebio Leal quién hizo partícipe al pueblo de tan emotivo evento. 

Este proyecto integró también la restauración de la Estatua de La República, en la cual se incluyeron láminas de oro de 24 quilates, igualmente donadas por Moscú. Se tiene programado que para cuando se descubra la Cúpula oficialmente y se termine de restaurar el Capitolio, la linterna que corona el domo quedará iluminada. 

4. Museo de la Revolución 

El Museo de la Revolución fue construido entre 1913 y 1920 por los arquitectos Rodolfo Maruri y Paul Belau, mismos que diseñaron el Centro Gallego de la Habana. En 1920 fue inaugurado como Palacio Presidencial y utilizado por varios de ellos. Aunque después de la revolución se cambió su función a museo.                                                                                                  

Este museo, situado en la calle Refugio Street 1, entre Monserrate y Zulueta, y la Avenida Bélgica, encierra la historia de Cuba y su lucha revolucionaria en orden cronológico. Da inicio con la cultura precolombina cubana y recorre la historia hasta el actual régimen socialista. Del museo sobresalen las exposiciones del asalto de Moncada en 1953, además de la vida de Ernesto Che Guevara, que se encuentra en la planta baja. Ahí se muestra a través de fotografías en homenaje al 50 aniversario de su asesinato. En su entrada hay una parte del muro de la ciudad y un tanque utilizado por Castro en la invasión de la Bahía de Cochinos en el 61. 

Detrás del museo está el Pabellón Memorial Granma que cuenta con vehículos usados durante la Revolución y el yate utilizado para trasladar al Che Guevara y a Fidel Castro junto con más revolucionarios desde Tuxpan (México), hasta Cuba en 1956. Todo el pabellón está rodeado por avionetas y vehículos relacionados con esta importante fecha. 

El Museo de la Revolución fue declarado Monumento Nacional en 2010 por su gran colección referente a la Revolución Cubana. En el Rincón de los Cretinos se encuentra un Busto de José Martí y una réplica de la gorra de Fidel, con un mural en el que se ven Fulgencio Batista junto con tres presidentes de Estados Unidos y unas placas agradeciendo con ironía la ayuda para fortalecer la revolución. El museo abrió en los años cincuenta por jóvenes liderados por Camilo Cienfuegos, Fidel Castro y el Che Guevara que se dieron a la tarea de derrocar al militar y dictador Batista.

En casi 40 salas del museo hay planos, cartas, mapas, maquetas, documentación y varios objetos personales de los guerrilleros. En el recorrido se muestran las salas utilizadas por Castro y su gente cuando llegaron al poder y en donde el Despacho Presidencial se ve desde la puerta. La decoración está fielmente pensada a la época y la cantidad de información que hay es extensa. En los muros del edificio se pueden ver los agujeros de bala en las columnas que hacen no olvidarse del asalto al palacio en 1959.

5. Castillo de los Tres Reyes del Morro 

El Castillo de los Tres Reyes del Morro fue edificado entre 1589 y 1630 con el objetivo de proteger la entrada de invasores y piratas al puerto de la Habana. Fue levantado en una zona de rocas conocido como El Morro en el Atlántico. La construcción de este castillo fue ordenada por el Rey de España y llevada a cabo por Juan de Texeda y Batista Antonelli, con bases renacentistas dignas de esa época. 

El castillo es armónico y cuenta con un enclave natural que lo hace especial y único. Tiene una fortaleza colonial de tamaño considerable y guarda secretos e historia de la Habana antigua, por eso es digno de visitar en cualquier viaje que se haga a Cuba. Además, desde el castillo se tienen unas espectaculares vistas panorámicas de la ciudad de la Habana y del mar

Para la protección del castillo se creó un sistema defensivo de la Habana porque era una plaza muy deseada por su estratégica ubicación en el Nuevo Mundo. Este tipo de construcción le ayudó a lograr la protección de los invasores que deseaban penetrar por mar a la Habana. Fue edificado estratégicamente en un polígono irregular de áspera roca y adaptado a la forma del peñasco que le sirve de base. 

El Castillo de los Tres Reyes del Morro aguantó ataques franceses, ingleses y holandeses durante más de un siglo. En 1762, los británicos con catorce mil hombres capturaron El Morro por tierra. Los ingleses entraron por tierra al ver que era imposible tomar la Habana por mar con el Morro estratégicamente construido, comprendiendo que desde el mar el fracaso era inminente. Entraron por Torreón de Cojimar en los límites orientales de Guanabacoa. Sin embargo, la fortaleza se mantuvo de pie por lo que tuvieron que colocar explosivos hasta que lograron que cayera la Habana en manos de los ingleses.

Actualmente esta fortaleza también acoge el Museo Marítimo, además de formar parte del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña. Por su parte, el faro no estaba desde el principio, fue hecho y agregado en 1844 con el objetivo de ayudar a los barcos a llegar con bien al puerto.

Desde cualquier punto de la isla se puede contemplar el Castillo de los Tres Reyes del Morro. Es inimaginable una Habana moderna sin la presencia del castillo ya que ha acompañado a los cubanos como un símbolo eterno desde que se inició su construcción en el año de 1589 y que a pesar de las batallas que ha sostenido se mantiene firme, sólida y de pie.

6. La Bodeguita del Medio

En la ciudad de Cuba, la mayoría de sus restaurantes modestos y pequeños mercados se encontraban situados estratégicamente en las esquinas. Curiosamente, ese local antes de convertirse en restaurante, era una bodega, la cual se encontraba a mitad de una calle. Una vez el local pasó de ser bodega a ser restaurante, el dueño decidió quedarse con el nombre que sus clientes le habían puesto ya con anterioridad.

La Bodeguita del Medio es uno de los lugares imprescindibles en La Habana. Se trata de uno de los lugares más visitados por los turistas debido a que por ahí han pasado una gran variedad de escritores y políticos. El local está lleno de objetos y recuerdos, así como fotos y grafitis. Incluso se pueden encontrar firmas tanto originales como copias. 

El ambiente típico cubano se respira en las salas del local, en donde además de disfrutar del son cubano, también se puede degustar su gastronomía, sus tabacos y sus mojitos. Al menos merece la pena catar el primero y disfrutar de su auténtico ambiente, inigualable al de otros locales de los alrededores. 

Cuenta la leyenda que hace años el restaurante no funcionaba demasiado bien, hasta que decidió cruzar por la puerta Ernest Hemingway, el escritor. Entró, se sentó y se pidió un mojito. Tanto le gustó que le dejó una nota al dueño y éste la enmarcó. Desde ese momento no dejaron de pasar escritores y personajes relevantes de aquella época. Algunos de los nombres más conocidos que han pasado por la Bodeguita del Medio son Pablo Neruda, Gabriel Garcí­a Márquez, Joaquí­n Sabina, Nicolás Guillén, Joan Manuel Serrat, Agustín Lara, entre muchos otros. 

Aunque quizá su éxito también fue debido a su cocinera, la famosa “China”, con nombre Silvia Torres, quien empezó a trabajar como cocinera un año antes de la inauguración oficial de la Bodeguita del Medio.

Un dato curioso a destacar sobre este sitio es que en el año 1959, el local cerró debido a la ofensiva revolucionaria. De hecho, muchas de sus firmas originales en graffiti, cuadros y fotografías desaparecieron en aquella época. Y no fue hasta que Salvador Allende, quien llegó a ser más tarde el presidente de Chile, que el local reabrió su puertas. Actualmente muchas de las fotografías que se encuentran en sus paredes fueron donadas al local y las firmas repintadas en sus paredes con el fin de reconstruir aquel ambiente tan especial.  

7. Plaza de la Catedral, La Habana

Todas las Catedrales guardan una mística historia, y la Catedral de la Habana no podía ser diferente por ser considerada un símbolo de la ciudad. Ambas, la catedral y la Plaza de la Habana son parte de los sitios más famosos de la ciudad y están situados en el Centro Histórico formando parte de lo que es imprescindible ver en la ciudad. 

La Catedral de la Habana es la iglesia más importante de la isla. Fue construida hace más de 200 años, y es ahí dentro donde se guardan objetos religiosos, sepulcros, sagrarios y una gran cantidad de historias que no se lograron contar, y que con las visitas se llegan a percibir. Dentro de la iglesia se encuentra la imagen del Santo Patrón de la ciudad de la Habana, San Cristóbal.

Antiguamente, el terreno de la Plaza de la Catedral era una ciénaga que se formó con el estancamiento de las aguas de lluvia y que en tiempos de seca el agua se evaporaba sin más. Por eso, a mitad del siglo XVI la población le empezó a llamar la Plaza de la Ciénaga. En esta área se proyectó en 1577 la creación de un puente para poder atravesar la ciénaga y no tener accidentes al cruzar de un lugar a otro y en época de lluvias poder ir a misa sin problema. Los pobladores de la zona cooperaron con dinero y con la mano de obra de sus esclavos.

La Catedral no es como todas las iglesias, su fachada no es simétrica y se mira a simple vista lo desigual que son sus torres, una torre es más angosta que la otra. La más angosta de las dos tiene el terreno que se le regaló a los frailes, por desgracia los padres no podían tomar más terreno de la calle del que se les había regalado porque si no afectaba el paso de los habitantes, así que se tuvieron que ajustar al terreno y por lo mismo esa quedó asimétrica.

En una esquina de la Plaza de la Catedral se encuentra el Callejón del Chorro. En la antigüedad La Habana carecía de suministro de agua potable, por lo que fue creada la Zanja Real, un canal excavado en el suelo con más de 11 kilómetros de largo y un punto de desagüe la cual precisamente era el Callejón del Chorro. Actualmente es una calle pequeña que mide 30 metros. Antiguamente era más larga, pero con el paso del  tiempo sus límites variaron y quedó así de corta. El callejón está adoquinado y lleno de vida, cabe destacar su  su gran oferta artística y cultural

8. Plaza Vieja, uno de los lugares que ver y visitar en La Habana

No se puede visitar La Habana sin ver la parte antigua de la ciudad, y por supuesto, un imprescindible es la Plaza Vieja. Es un destino obligatorio para todo aquel que esté en busca de disfrutar de un ambiente único rodeado de un entorno colonial. 

La Plaza Vieja se distingue por tener una forma irregular. Las calles San Ignacio, Muralla, Mercaderes y Teniente Rey rodean la plaza y le dan su peculiar forma. Se trata de la única que no cuenta con una iglesia. Por eso mismo fue víctima de decisiones arbitrarias, y podría decirse que quizás también haya sufrido de desinterés y en ocasiones actitudes irresponsables.

La plaza data del año 1559, aunque en realidad su forma la adquirió algunos años más tarde, en 1587. Fue entonces llamada “Plaza Nueva”, y era el sitio elegido para llevar a cabo los pregones, las representaciones teatrales, los carnavales, las corridas de toros, los paseos aristocráticos, procesiones religiosas, ciertos ejercicios militares, celebraciones públicas, e incluso ejecuciones. Poco después se convirtió en un mercado, denominado en aquella época Reina Cristina. Había puestos hechos de madera y fue donde existieron las primeras pescaderías en La Habana. 

Cuentan los rumores que en 1640 se dejó de llamar “Nueva” con la construcción de la Plaza del Santo Cristo del Buen Viaje. Aunque otra parte de la historia dice que no fue hasta principios de siglo XIX cuando se dejó de conocer de esa manera, adjudicándose al cambio que hizo la realeza para llevar a cabo las proclamaciones reales. 

En su época de auge, la plaza contaba con bellos palacetes en los alrededores, todos ellos de estilo colonial y pertenecientes a familias en su mayoría criollas. En la actualidad se pueden ver algunos de los edificios, así como la residencia de los Condes de Jaruco. Hoy en día es la sede de “La Casona”, una galería de arte donde vivió también una escritora muy reputada, mejor conocida, tanto en Francia como en Cuba, como la Condesa de Merlin. Cuenta la leyenda que por las noches se ve su figura vagando por las distintas habitaciones de la casa. 

En 1952 la plaza se convirtió en un parque público y en un anfiteatro. Sin embargo, unos años más tarde se recuperó la zona. Fue cuando la Oficina del Historiador de la Ciudad hizo la propuesta sobre la reforma de la plaza, y la ímpetu de devolverle el aspecto íntegro que tenía en el siglo XIX. Actualmente, en la zona podemos encontrar la Fototeca de Cuba, el Museo del Naipe, el Planetario, el Centro Cultural Vitrina de Valonia, la tienda Paul and Shark, la Cámara Oscura, el Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, y mucho más. 

9. Castillo de la Real Fuerza de la Habana

En la Calle O’Reilly, en uno de los costados de la Plaza de Armas, se encuentra el Castillo de la Real Fuerza de La Habana. Se trata de una de las fortalezas militares más antiguas y mejor conservadas de América. 

En 1558 comenzó la construcción del castillo, su objetivo era proteger, tanto a los ciudadanos como a la ciudad, de los ataques enemigos. Por un lado, llegaban piratas y por otro varios enemigos de la corona española en busca de territorio y riqueza. 

Como muchas construcciones de la época, su estructura cuenta con una simetría perfecta, con un claro estilo renacentista perteneciente a los Siglos XVI y XVII. Cuatro baluartes forman un cuadrado simétrico creando la estructura principal de la fortaleza, mientras que está rodeada por un foso y un puente de madera levadizo. Al más puro estilo película de la Edad Media. 

Su ubicación ha sido siempre un punto clave para la ciudad, ya que en muchas ocasiones el paso se complicaba al meterse en el interior de la bahía de La Habana. De hecho, uno de los ataques que mejor se recuerdan fue el producido por la artillería inglesa en el año 1762. El Castillo de la Real Fuerza de La Habana y el Castillo del Morro fueron los dos puntos estratégicos de ataque pero a la vez de resistencia durante su enfrentamiento.

Muy similar a la Giralda de Sevilla, la fortaleza cuenta con una torre, llamada La Giraldilla. Sin embargo, la historia que esconde la Giraldilla cubana es distinta a la sevillana. Cuenta la leyenda que cuando marchó Hernando Soto a La Florida debido a la conquista, Doña Inés de Bobadilla fue quien quedó como gobernadora. Dicen que todas las mañanas ella subía a la torre en busca del barco de su esposo. Por eso, se puede divisar una escultura de bronce, en honor a la esperanza de Doña Inés, a pesar de la muerte de su marido durante aquella conquista.

Dentro del castillo se puede entrar al Museo de la Real Fuerza, en donde se alcanza conocer en profundidad la historia del castillo y cómo ha cambiado y evolucionado con el paso de los años. Por otro lado, también se puede aprender sobre la navegación en el Caribe. En sus salas se logran observar elementos náuticos recuperados del mar. Además, merece la pena conocer sobre la arqueología subacuática y los datos que cuenta la historia de la construcción naval. 

10. Museo del Ron: Havana Club

Dentro de la gama de lugares imprescindibles que ofrece La Habana se encuentra el Museo Havana Club, que no se puede dejar a un lado. Ese lugar se encuentra en Avenida del Puerto, exactamente en donde la ciudad antigua se enlaza con el mar. Si de pasar un rato agradable se trata, en este lugar se puede disfrutar de los rones cubanos, lo más auténtico y mundialmente conocido. 

El Museo del Ron de Havana Club da a todos los visitantes la posibilidad de disfrutar de primera mano el procedimiento de preparación del ron como el destilado más popular de Cuba. Este recorrido lleva un poco más de una hora, la visita al cañaveral, donde la caña de azúcar es recién cortada hasta la destilería y las bodegas de crianza. Se puede ver el desarrollo inicial de la industria azucarera y las fábricas más actuales. 

Este museo fue instalado en una casa colonial del siglo XVIII. La visita comienza en la planta baja del recinto, en donde un guía inicia con la explicación. Es un paseo hacia otros tiempos rescatados de la memoria de Cuba, las conversaciones y descripciones del guía hacen que los visitantes sientan cada detalle de la vida de cada uno de los trabajadores del lugar. 

En la primera planta se encuentra el taller del tonelero, en donde se disfruta de la artesanía requerida para preparar los barriles de roble dentro de los que los finos rones vivirán. En la galería de arriba hay un molino de caña curiosamente accionado por mulas, usados en las primera refinerías de azúcar. También hay un modelo a escala de una locomotora de vapor recordándonos que Cuba fue el primer país de América Latina en usar el ferrocarril para transportar la caña de azúcar. ¡Se trata de un verdadero viaje en el tiempo!

En el museo también se pueden ver los vagones que transportan la caña desde el campo, el humo de las chimeneas, los cortadores de caña y más. Así como las maquinarias e instrumentos utilizados y rescatados de otros siglos. Hay también salas de fermentación y destilación, barriles de madera, columnas de cobre y tubos transportadores de aguardiente hacia los barriles que guardan con cuidadoso empeño el producto ya finalizado.

El recorrido dentro del museo termina en la sala de degustación con su inigualable barra de madera de los años treinta. La visita al Museo de Ron de Havana Club es un viaje desde los orígenes de la bebida más famosa cubana.  Además, ofrece la oportunidad de conocer en tiempo real, el procedimiento de la creación del ron junto con la interesante cultura cubana. 

11. El Floridita, de los mejores restaurantes del mundo

Si de bares y restaurantes se trata, en la Habana hay muchos de donde elegir, pero si de buenos recuerdos hablamos, Floridita es uno de los restaurante bar más representativos de Cuba. Este típico restaurante está a punto de cumplir dos siglos. No cabe duda que las recomendaciones de boca en boca tienen mucho que ver con la fama de un negocio, y es que al año atiende a miles de turistas atraídos por los comentarios del novelista Ernest Hemingway, su fan número uno. 

Este restaurante bar de La Habana donde su fama recae es en preparar los mejores daiquiris. El Floridita se posicionó a nivel mundial debido al Premio Nobel de Literatura de 1954 que obtuvo el escritor, siendo precisamente en este lugar en donde se inmortalizó esta bebida elaborada con una mezcla de zumo de limón, azúcar, hielo frappé y ron. El gerente del lugar comentó a algunos periodistas, que el escritor Hemingway dejó una profunda huella porque aquí leía la prensa, se reencontraba con sus amigos, se preparaba sus propias bebidas, y lo mejor de todo es que se sentía como en casa viviendo en su propio espacio. Esta fama es la que buscan los actuales clientes, vivir personalmente esa sensación de bienestar que el escritor describió de forma peculiar.

El Floridita fue la idea de un comerciante español llevado a la realidad en 1817 en la esquina de Obispo y Monserrate de la Habana. El local antiguamente se llamaba La Piña de Plata, aunque después el nuevo dueño lo cambió por La Florida y más tarde se convirtió en El Floridita, desde mediados del siglo XX con su antigua decoración con un estilo arquitectónico del siglo XIX del Reino Unido.

A principios de los años 30 el lugar lo adquirió Constantino Ribalaigua Vert, conocido como Constante, el antiguo barman del restaurante. Él mismo fue quien en 1932 le preparó una bebida especial a Hemingway, y que a partir de entonces, se convirtió en la bebida preferida del Premio Nobel de Literatura. 

Se dice que llevaba por las noches a invitados famosos en los temas de la letras, la música, el deporte y la plástica. Después de 40 años El Floridita recibió el galardón “Best of the Best Five Star Diamond Award” por parte de la Academia Norteamericana de Ciencias Gastronómicas como restaurante especializado en mariscos y pescados, por supuesto, como el “Rey del Daiquiri”.

Mapa con los lugares imprescindibles que ver y visitar en La Habana

Descubre en este mapa dónde se ubican los principales lugares que debes ver y visitar en La Habana. De esta forma, podrás hacer tus propias rutas en función de los días que vayas a estar. No te agobies si no te da tiempo a ver todo ya que es una ciudad con mucha riqueza cultural y monumental.

¿Cómo llegar a La Habana?

Existen dos formas para llegar a La Habana, son sencillas y suele ser fácil encontrar billete en cualquier temporada del año. La primera y la más común es por avión, aunque dependiendo del lugar de partida, convendrá llegar en barco.

Llegar a Cuba por avión

Cuba cuenta con varios aeropuertos y los principales son: el Aeropuerto José Martí, situado en La Habana, y el de Antonio Maceo, ubicado en Santiago de Cuba. Sin embargo, para moverse dentro del país también existen otros aeropuertos, como el de Varadero, Holguín, Cayo Coco, Camagüey, Ciego de Ávila, Manzanillo, Cayo Largo, Cienfuegos, Santa Clara y Guantánamo.

Lo más común para los viajeros es llegar en avión a Cuba. Se llega al Aeropuerto Internacional José Martí, el aeropuerto principal del país que se encuentra en La Habana. Es importante saber que del aeropuerto a la ciudad no hay transporte público, es decir, que la única manera que hay para llegar a La Habana es en taxi. El tiempo que tardan los taxis que unen el centro de la ciudad con el aeropuerto oscila entre unos 30 y 40 minutos, según el tráfico que haya en ese momento. 

Hay vuelos directos a la ciudad de La Habana en Cuba desde las principales capitales de América y Europa, como la Ciudad de México, São Paulo, Monterrey, Caracas, Bogotá, París, Ámsterdam, Madrid o Londres. Aunque desde cualquier parte del mundo se puede llegar haciendo su correspondiente escala. 

Llegar a Cuba por barco

Otra forma para llegar a Cuba es por barco, aunque es un poco menos común para un viajero llegar a puerto que llegar en avión. Sin embargo, los puertos suelen estar bien comunicados con la ciudad, sobre todo con el centro donde se encuentran la mayoría de alojamientos. 

Hay que tomar en cuenta que en todos los puntos de llegada del país hay agentes aduanales, ya sea por mar o por tierra. Y que a la hora de salir del país se debe pagar obligatoriamente un impuesto, el cual se debe abonar en efectivo y en la moneda del país. Por eso lo más conveniente es reservar ese dinero nada más llegar al país. Así se evitará cualquier tipo de disgusto en relación al pago de dicho impuesto. 

En caso de haber contratado un viaje por medio de una agencia de viajes hay que asegurarse de si dicho impuesto está incluido en la tarifa o no, para contar con ese dinero al finalizar salir del país. 

¿Por qué viajar a La Habana al menos una vez en la vida?

Definitivamente visitar La Habana es una gran idea. Es una ciudad que tiene una alta demanda y una buena oferta turística, un lugar que se preocupa por ofrecer cada año una variada agenda incluyendo ferias y festivales de todo tipo, política, gastronomía, música, literatura, entre otras. 

Merece la pena visitar la ciudad porque aún conserva diferentes arquitecturas respetando sus épocas de edificaciones. Además, todavía cuenta con las fortalezas, como el Castillo del Morro, Castillo de la Real Fuerza y la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. La Habana conserva la presencia española en sus templos, en la Iglesia de San Francisco de Asís, en la Catedral de la Habana, en sus plazuelas, teatros y edificios del siglo XIX.

La ciudad cuenta con zonas turísticas de gran talla, lujosos edificios y hoteles que actuaron en su época como casinos construidos tras la independencia. Además, destaca por ser “La Ciudad de las Columnas”, bautizada así por el escritor Alejo Carpentier, por tener más columnas que cualquier otra población del continente. 

Una Habana que conserva sus calles estrechas con una especial mezcla de monumentos neoclásicos y barrocos, sus casas antiguas con balcones, declarada Patrimonio de la Humanidad. La isla es tan atractiva que no habrá ningún momento en el que el viajero se pueda arrepentir de estar inmerso en tanta historia y el impacto de su gente, que quedará grabado en el corazón de cada uno de los visitantes a esta bella ciudad. 

Lugares imprescindibles que visitar en La Habana
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by Laura Ripoll on Lugares imprescindibles que visitar en La Habana
La cultura habanera en una semana

Tengo muchas ganas de conocer en primera persona La Habana. Me encantaría hacer un free tour con algún local que nos pueda contar la verdadera historia así como el día a día de la ciudad. ¡Nos apuntamos los lugares para visitar, que estaremos una semana!