Marruecos lleva en el alma el arte islámico y sus tradiciones bereberes. Tiene una oferta turística muy amplia, digna de visitar y de admirar. Así como el Palacio de la Bahía, el Museo de Marrakech, los Jardines de la Menara, los Jardines Majorelle, la plaza Jamaa el Fna, las Tumbas Saadíes, la Mezquita Kutubia, el Parque Nacional del Toubkal, el Museo Dar Si Said de Arte y muchos lugares más qué ver.

Se trata de un país con una diversidad apabullante, con legendarias cordilleras, ancestrales ciudades y desiertos sin fin. Pero eso sí, con una calidez inigualable.

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¿Qué ver en Marrakech en 3 días (un fin de semana)?

Marrakech es un determinante centro económico y cuenta con jardines, palacios y mezquitas se encuentra situado en la parte oeste de Marruecos. Es una ciudad medieval amurallada y muy poblada, que surge desde tiempos del imperio Bereber en África del Norte. Está limitada con el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Se identifica por las influencias culturales árabes, europeas y bereberes.

Es imprescindible caminar por las calles, callejuelas y callejones de la Medina. Así como recorrer la plaza de Jamaa el Fna, visitar los zocos con sus múltiples y originales productos y conocer su mítica Alcazaba de Rabat. La ciudad de Marrakech es muy distinta a cualquier ciudad europea, por lo que se recomienda viajar a esta ciudad con los cinco sentidos a flor de piel. Así se logrará disfrutar en su totalidad de la experiencia. Tanto de sus tesoros gastronómicos, del olor de sus especias, del tacto de sus telas, de sus decoraciones hechas a mano, los rezos en sus mezquitas y mucho más. 

1. Plaza de Jamaa el Fna

La plaza central de Marrakech es Jamaa el Fna, es el lugar más animado que hay en la ciudad. Un sitio emblemático y muy importante ya que es el punto de encuentro de prácticamente todas las personas. Así que lo mejor es recorrerla y disfrutar al máximo de su ambiente. 

En la plaza hay muchos turistas, locales, tatuadoras de henna, luchadores, ventas de pañuelos y pashminas, bailarines de danzas tradicionales, vehículos pitando, motocicletas cruzando, músicos, encantadores de serpientes, puestecitos de zumos de naranja recién exprimidos, domadores de monosy mil cosas más. Eso sí, es importante estar alerta cuando se camina por ahí, porque sus habitantes suelen pedir dinero a cambio de prácticamente todo.

Aquí es en donde se desarrolla la vida social de la ciudad tanto de día como por la noche. La plaza cambia mucho de día y de noche, por lo que es imprescindible vivir la metamorfosis que sufre. En el día se encuentran muchas cosas que llaman la atención. Sin embargo, conforme va atardeciendo y llega la noche, la plaza cambia en su totalidad. Al llegar la oscuridad todos los puestos de la calle desaparecen y dan paso a los puestos de comida. Ahí se puede cenar al son de los músicos de la calle y disfrutar de una gran variedad de emocionantes espectáculos de distinto tipo.

La variedad de alimentos en los puestos de comida es incalculable. Sirve desde carne, pollo y pescado, hasta caracoles. Los platos más tradicionales y centenarios que uno se pueda imaginar. La plaza se cubre de espeso humo y ya estando ahí, no hay otra opción más que disfrutar a paladar abierto de la gastronomía marroquí. Eso sí, hay que cenar en los puestos más concurridos, porque es seguramente donde la comida es mejor, está limpio y los precios son más económicos. Sin embargo, muchos turistas que viajan a Marrakech no se animan a probar la gastronomía en sus calles, y optan por visitar los restaurantes de la zona.

Top mejores lugares que ver en Marrakech

Top mejores lugares que ver en Marrakech

La hora que sea es buena para pasear y disfrutar de la Plaza Jamaa el Fna, ya que se puede recorrer a distintas horas sin problema. El contraste de visitar la Plaza casi desierta de Jamaa el Fna al amanecer o visitarla al atardecer con una cantidad de gente apabullante, no tiene precio. 

En la plaza, además de restaurantes hay muchas tiendas donde se puede comprar de todo, desde especias hasta bolsos de cuero. Aunque si se prefiere algo de comer, lo mejor es comprar a los vendedores ambulantes una bandeja de pastelillos. Es imprescindible también tomar un té de hierbabuena en algún restaurante con terraza y observar la vida de la plaza desde las alturas. 

Ya sea desde las alturas o en la plaza entre la gente este lugar no deja insensible a nadie. El ambiente que se respira en la Plaza Jamaa el Fna, es uno de los más emocionantes e intensos que jamás se pudiera uno imaginar. La vida de Marrakech queda resumida en esta plaza, en este lugar donde los almorávides tuvieron su campamento hace más de 10 siglos.

2. Zocos de Marrakech

El conjunto de tiendas callejeras que se encuentran en el laberinto de callejuelas llenas de tenderetes y puestos en donde los marroquíes hacen sus compras, son los famosos zocos. Éste en concreto es enorme, está situado al norte de la plaza y ocupa muchas calles. En ellas se pueden comprar todo tipo de artículos como: especias, aceite de argán, comida, productos típicos, ropa y artesanía. Sin embargo, en muchas ocasiones, es en este lugar donde los vendedores intentan pasarse de listos con los turistas y con los precios.

En cada zoco se pueden ver agrupados los negocios por el tipo de productos que venden. Por ejemplo, se ve a los artesanos cesteros, tintoreros, ferreteros, etc., largas calles cubiertas de telas, lámparas, especias, pashminas, alfombras, recuerdos, artículos de cuero, etc., por lo tanto no se hace nada difícil encontrar las cosas que buscamos porque están casi siempre abiertos y cualquiera que pase puede ver lo que se vende.

Cada zona tiene un nombre específico, concretamente El Zoco Smarine reúne puestos de ropa y bazares. A un lado hay un mercado de productos frescos y un poco más adelante una plaza con varios niveles que tiene tiendas de productos de plata. Otro ejemplo, es el llamado Zoco Chouari, que es en el que se juntan los carpinteros y los cesteros. O el afamado Zoco de los Tintoreros con un espectáculo multicolor impactante, hombres que se mantienen duramente en sus talleres practicando el tintado tradicional, a pesar de existir en la actualidad tintes industriales.     

El paseo por los zocos puede ser uno de los momentos más apasionantes que se viven visitando Marrakech. No hay persona que se conozca que se haya resistido a comprar en el zoco. Por algo se dice que es la cuna del regateo, así que siempre hay que intentar no pagar lo que se pide por los artículos. Lo típico es regatear hasta lograr llegar a un tercio de lo que están pidiendo. En Marrakech se regatea hasta en las tiendas, sin embargo, el zoco es el lugar ideal y propicio para lograrlo a la perfección e incluso hacerse todo un maestro. El simple hecho de comprar es todo un reto, por eso es recomendable hacerlo con calma y dedicación. Lo mejor es regatear sin miedo para lograr sacar un precio justo, aunque al principio siempre cuesta más trabajo o dé algo de apuro.

Las ventas en el zocos inician por la mañana por lo que se considera el mejor momento para comprar. Porque conforme va transcurriendo el día y va llegando la tarde los puestos se abarrotan y es más difícil llegar a un acuerdo. Y si pasa el tiempo, éstos van cerrando paulatinamente. En los zocos se pueden encontrar todos los productos que se imaginen.

Es el lugar del comercio más importante de Marruecos y es una de las atracciones turísticas más emblemáticas del país. Por lo que no se debe dejar de visitar, aunque el alojamiento se encuentre en las afueras. Es imprescindible pasear por los Zocos porque es la única manera de ver la riqueza comercial de Marrakech.

3. Mezquita Koutoubia

La Mezquita Koutoubia, o Kutubia, de Marrakech es una de las mezquitas más famosas que tiene Marruecos. Es considerada la más representativa e importante de la ciudad. Su traducción literal al español es «La mezquita de los libros», un calificativo que se originó y que se le otorgó por la interesante biblioteca que albergó en su interior. Así como por la cantidad de puestos de libros que se encontraban a su alrededor. Un dato interesante es que su diseño ha servido de modelo para la creación de otros monumentos. 

La Mezquita Koutoubia en Marrakech se mandó construir en el siglo XII. Precisamente en el año 1147 por Abd Al-Mumin sobre un solar de otra mezquita que fue destruída por el líder de la tribu bereber Masmuda Ibn Tumart que estaba dispuesto a destruir todos los templos almorávides. Al terminar la construcción de la mezquita, cayeron en la cuenta de que su orientación no estaba bien dirigida hacia La Meca, la ciudad de Mahoma, por tal motivo el edificio fue derrumbado y se hizo de nuevo un edificio. 

La construcción duró más de 10 años y se concluyó, a causa de su gran tamaño, hasta el año 1158. Fue construida como representación del arte almohade y se considera actualmente como una de las mejores creaciones de aquella época. La mezquita cuenta con 17 naves, metidas en un edificio de 60 metros de largo por 90 metros de ancho. El minarete de la Mezquita Kutubia es el lugar más alto de Marrakech, y por ley es ilegal construir algún edificio que tenga más de 69 metros de altura (más grande que el actual alminar). 

¿Qué ver en la Mezquita Koutoubia de Marrakech?

El minarete no deja de ser una construcción que impresiona a pesar de que ha perdido algunas partes de su estructura y diseño original. Este fue el único elemento que se mantuvo de la primera mezquita construida. Sin embargo, en la parte de arriba se conservan algunas filas de azulejos verdes, grabados y mosaicos originales. Y en su interior hay un muro formado por tres balaustres de tres bolas de bronce, en donde la más grande tiene 2 metros de diámetro. Cuenta la leyenda que en sus orígenes éstas eran de oro.

La gran importancia arquitectónica y artística de este edificio anexo, es que ha sido tomado como modelo de varias construcciones musulmanas de renombre como la Torre Hassan en Rabat, en la capital de Marruecos, y de la Giralda que se encuentra en Sevilla, España

Se podría catalogar a la Mezquita Koutoubia como uno de los lugares imprescindibles que ver y visitar en Marrakech. ¡Deberías incluirlo en tu recorrido!

4. Palacio Bahía 

Una significativa obra arquitectónica de Marrakech es El Palacio Bahía, o El Palacio de la Bella. Se construyó a finales del siglo XIX con la finalidad de ser el palacio más espectacular de todos los tiempos. Es una verdadera obra artística de la época del esplendor de la arquitectura marroquí con carácter andaluz, la cual habla a través de sus  muros acerca de los secretos de la antigua historia.

Los inicios de la construcción del Palacio de Bahía son de la época del reinado del sultán Abdulaziz, cuando su hijo Ahmed bin Musa (Ba Hammad) era primer ministro. Cuentan los narradores que Ahmed estaba perdidamente enamorado de Bahía. Vivió enloquecido de amor por su esposa que decidió construirle un palacio. Por lo que mandó traer a los artesanos más hábiles de Fez para que trabajaran en el lugar durante seis años seguidos. 

Por desgracia  el ministro murió en 1890 antes de ver terminada su obra. La construcción se hizo en más de una década y la llevó a cabo el visir (primer ministro) del sultán Abdelaziz. A finales del siglo XIX la construcción quedó a cargo de un esclavo negro que logró ser visir y pudo llevar al palacio hacia su fin. Tiempo después los franceses eligieron el lugar como sede principal del Protectorado y actualmente la privada zona del palacio es una residencia real que se utiliza para recibir a personas importantes del extranjero.

El Palacio cuenta con 8 hectáreas de extensión, por dentro hay 150 habitaciones que dan a varios jardines y patios. La parte más apasionante del Palacio Bahía es su harén en donde concentraban a las 24 concubinas y 4 esposas de Abu Bou Ahmed. Se cuenta que el visir era obeso y tenía una notable dificultad para moverse por lo que no podía subir escaleras, motivo por el cual todas las habitaciones del palacio de la Bahía fueron distribuídas en la planta baja.

El lugar central de la visita, es decir, el más representativo y que merece la pena ver, es el Patio de Honor, el cual cuenta con 50 metros de longitud y está rodeado por una galería que da a las habitaciones de las concubinas y las esposas del visir. La Sala de Consejo es la más impresionante de todas, cuenta con paredes revestidas con azulejos de porcelana y techo de cedro pintado. 

Lo más conveniente es visitar el Palacio Bahía con un guía turístico para que con sus emotivos relatos logre transmitir aquello que cuentan sus vacías paredes. Ya que cuando el visir murió, las esposas del sultán y otra gente decidieron llevarse las cosas de las habitaciones por órdenes del sultán dejando únicamente la sorprendente decoración del techo

5. Medersa Ben Youssef

En el siglo XIV el sultán Abou al Hasan fundó la Medersa Ben Youssef, en español, Madrasa de Ben Youssef. Se trata de una escuela musulmana de estudios superiores que albergó en sus entrañas, a cientos de estudiantes que se dedicaban en cuerpo y alma a memorizar el Corán entre otras asignaturas, dentro de sus más de 130 celdas. 

La Medersa Ben Youssef se encuentra en la Calle Rue Assouel, a 111 m del Museo de Marrakech, a 550 del Zoco y a 740 de la Plaza de Jamaa el Fna. En ella hay bellos ejemplos de arquitectura y arte islámico marroquí, pasando a ser la medersa más grande e importante de Marrakech

La Medersa Ben Youssef fue construida en el mismo lugar donde ya había otra Madrasa. El recinto fue encargado por el sultán Abdallah al-Ghalib y finalizado en 1565. Durante cuatro siglos la Madrasa fue el hogar de los estudiantes en busca de conocimientos en las ciencias pero sobre todo se estudiaba teología. Sus habitaciones fueron destinadas a estudiantes que no eran solo de Marrakech y cabían hasta más de 800

Enfrente de la puerta de entrada de la escuela y del lado opuesto al lavabo rectangular, está el Santuario Octogonal, el cual está formado por tres naves delimitadas por una columnas de mármol que sostienen unos arcos tallados con motivos ornamentales. Además, cuenta con un hermoso techo de cedro tallado y el lujo decorativo realizado con estuco especial. Es sin duda el lugar más destacado del recinto y no se puede dejar de visitar. 

Por otro lado, la nave central da a una sala pequeña semicircular que se encuentra decorada lujosamente con motivos florales y geométricos. La Medersa tiene una única aula que tenía la función de lugar tanto de oración como de enseñanza. Su decoración es espectacular, ya que se trata de una mezcla de maderas de cedro, mosaicos, mármol y estuco, muy típica de la arquitectura correspondiente a la dinastía saadí. 

Al entrar a la planta superior de la Medersa Ben Youssef se pueden recorrer los pasillos largos y los patios interiores en donde se encuentran distribuidas las 130 celdas de los alumnos de esta escuela coránica. La decoración y los objetos que hay dentro de  las celdas hacen que se respire aquél místico ambiente que llegaron a vivir los estudiantes de aquélla época.

Hay que tomar en cuenta que actualmente se encuentra cerrada por remodelación y abrirá nuevamente sus puertas aproximadamente a mediados de 2020.

6. Tumbas Saadíes

Las tumbas Saadíes están localizadas en la Kasba de la Medina de Marrakech. Su origen surge en la época en que la dinastía saadí imperaba en Marruecos entre los años 1524 y 1659. En el año 1557, el sultán Ahmed El Mansur, conocido como El Dorado, decidió construir un mausoleo sobre la tumba de su padre, el cual se conoce como el Mausoleo de Lalla Messaouda. 

Al correr del tiempo se decide construir un nuevo mausoleo, el cual se formó con la unión de tres salas con puertas entre sí de forma cuadrada y diez metros en cada uno de sus lados. Ahí la sala central, famosa por sus doce columnas, exhibe una decoración de belleza incalculable. Se le conoce como la Sala de las Doce Columnas, y es ahí donde están enterrados sus hijos. 

En el suelo se pueden ver muchas tumbas saadíes, y la combinación de las columnas hechas de mármol de carrara, con techos de madera de fuerte cedro y con relieves de oro, más la increíble iluminación. Las paredes tienen azulejos esmaltados y los muros recubiertos con estucos con dibujos de nido de abeja. Todos los detalles son un espectáculo que no se debe perder de vista.

Las tumbas son de finales del siglo XVI y se localizan en un jardín cerrado al que se entra por un pequeño pasillo. En el jardín se pueden divisar más de 100 tumbas en donde están enterrados los cuerpos de los guerreros y sirvientes de la dinastía saadí. A un lado del jardín se puede observar el Mausoleo de Lalla Messaouda. Quizá visitar las tumbas no sea muy relevante para los turistas, pero es el símbolo de la inmortalidad de los ancestros de una cultura religiosa muy especial y misteriosa como es la musulmana. 

Después de la caída de la Dinastía Saadí, el sultán alauita, rama del islam chií, Mulai Ismail dio la orden de acabar con todo lo que quedaba de los saadíes. Por este motivo se destruyeron los edificios y palacios de la época saadí, como las pocas ruinas de las murallas del Palacio El Badi.

En el caso de las Tumbas Saadies fue diferente, sencillamente tomaron la decisión de ocultarlas detrás de una puerta cerrada para que no fueran destruidas. Por lo que el mismo año en que fueron descubiertas fueron abiertas las puertas al público y restauradas por el servicio de Bellas Artes y Monumentos Históricos.

7. Palacio El Badi, uno de los mejores lugares que visitar en Marrakech

El Palacio El Badi se construyó por orden del sultán Ahmed al-Mansour a finales del siglo XVI para celebrar la derrota de los portugueses en la Batalla de los Tres Reyes, Wed al Makhazín. En la actualidad el palacio se encuentra en ruinas y para tener una idea de lo que fue, nos podemos basar en su enorme patio y en las crónicas de la época. 

El Badi, El Incomparable, fue un lugar que contaba con más de 300 habitaciones adornadas con finos materiales de la época como piedras preciosas, cristales y oro. Sin embargo, como todo, este palacio también tuvo un fin, el cual se suscitó a finales del siglo XVII, en el momento en que el sultán Moulay Ismail optó por cambiar la capital de Marrakech hacia Meknes desvalijando por completo al Palacio Badi.

Minbar de la Koutoubia

El Minbar de la Koutoubia es un voluminoso púlpito de madera movible con 8 escalones, sostenido por paredes verticales terminadas en arcos laterales en el que su decoración interior y exterior fue integrado el repertorio andalusí. Fue construido para la mezquita de Marrakech por órdenes del sultán almorávide Alí Ibn Yusuf. Su construcción dio inicio en Córdoba en 1137 y  terminado varios años después. Ya terminado fue enviado a la ciudad de Marrakech, completando su montaje cuando los almohades tomaron la ciudad. 

Luego de destruir la mezquita almorávide, los almohades colocaron el púlpito en la nueva mezquita que después se conoció como la mezquita Kutubiya, o de los libreros. Actualmente se encuentra en una galería del Museo del Palacio Badi de Marrakech, y este alminbar es un claro ejemplo del arte islámico español.  Está tallado en madera de cedro con incrustaciones de marquetería y escrituras pequeñas hechas en plata y oro por artesanos de Córdoba en el siglo XII. 

Muchos viajeros se saltan esta visita, sin embargo este recorrido está muy bien para ahondar en la cultura marroquí. Es un lugar interesante si nuestra intención es conocer a fondo la mística historia que encierra el Palacio Badi de Marrakech. Lo más recomendable es hacer la visita con un guía que nos lleve a su explanada con jardines tallados y a cada espacio del lugar para conocer todas y cada uno de sus rincones en profundidad. Es la forma perfecta para descubrir Marrakech y sus lugares de interés. Así será más fácil imaginar cómo se vivía en aquella época sin perder ningún detalle.

La belleza de este lugar hace que sea una de las principales recomendaciones para ver y visitar en Marrakech. No dejes de ir aunque vayas pocos días porque merece la pena.

8. Museo Marrakech

Al norte de los Zocos hay tres visitas importantes por hacer que no se deben dejar a un lado. Son tres edificios que merecen la pena ser visitados: La Madraza Ben Youssef, la Kubaba Adlin y el Museo Marrakech. Este museo data del siglo XIX y se encuentra localizado en el antiguo palacio donde habitó Mehdi Mnebhi, un antiguo ministro de defensa del sultán Moulay Abdelaziz. 

El sultán Abdelaziz fue también embajador en Alemania e Inglaterra y a través del tiempo es recordado por haber vaciado las arcas del estado con sus derroches. De manera que con sus actos incluso facilitó la colonización europea. El lugar actualmente acoge el museo desde 1997, cuando fue comprado por la fundación Omar Benjelloun con el fin de ser restaurado sin reparar en gastos, al igual que hicieron con la Quobba Almorávide y la Medersa Ben Youssef. 

Antiguamente el palacio fue utilizado como hogar y después en los años sesentas fue convertido en un colegio femenino. La parte más importante del famoso museo es su patio, en donde se encuentra la enorme lámpara y las salas que están situadas a su alrededor. Su edificación es típica a la de los riads, los cuales comúnmente están situados dentro de la medina, en la ciudad antigua. Regularmente tienen un patio central con una fuente o piscina al centro, plantas y árboles frutales.  

El lugar se encuentra en una sola planta, con una zona de 2.100 metros cuadrados. En las salas se está la colección del museo integrada principalmente de alfombras, cerámica, armas, y muchos objetos tradicionales de Marruecos. Donde prima el arte árabe musulmán. Dentro del edificio es posible ver el hammam tradicional, un baño turco o baño árabe, además de una sala de exposiciones temporales. Es el lugar ideal para las exposiciones y los eventos culturales de la ciudad.

El edificio es muy bonito ya que cuenta con varios detalles decorativos. El diseño y la arquitectura marroquí tiene muchos espacios y rincones con elementos de significativo detalle. El edificio es sorprendente, no hay viajero que quede insatisfecho con la visita, por lo que el Museo Marrakech es una visita muy interesante

En la actualidad en todas las capitales imperiales de Marruecos existen varios de estos palacios que han sido remodelados y convertidos en lugares con habitaciones para hospedaje de turistas. Los hay para todo tipo de bolsillos, lógicamente que mientras más grande y lujoso sea el palacio alojarse será más caro. 

Al haber habilitado el palacio Mnebhi como museo no queda nada de las caballerías y cocinas o del bello jardín con árboles frutales. El patio central actualmente se encuentra abierto pero está cubierto por lonas, ya que se utiliza como espacio para celebrar distintos eventos. 

9. Museo Dar Si Said

Este museo es considerado el más antiguo de Marrakech, el cual data del siglo XIX y el que tiene más obras en exhibición. Es importante mencionar que su nombre oficial es Museo de las Artes Marroquíes. Esta construcción en sus inicios solía ser la residencia de un mandatario. Y es por eso que la casa es de grandes dimensiones. Cuenta con dos plantas y con varios patios. La decoración del museo más representativa es la que está al llegar al patio subiendo en la segunda planta.

La colección más grande de Marrakech

El Museo Dar Si Said, situado en el número 8 de la Rue de la Bahia, cuenta con una amplia exposición de diversos objetos. Muchos de ellos interesantes, como son: instrumentos musicales, tallas en madera de ventanas y puertas, cerámicas, mobiliario, colección de alfombras, una pila de abluciones del siglo X traída de España, las armas de distintas épocas de Marruecos, joyas tradicionales de los bereberes, una colección de arte marroquí, trajes típicos, así como el objeto más antiguo el cual se trata de un cofre del año 1000

Sin embargo, lo mejor es el edificio en sí, el cual se encuentra ubicado al norte del Palacio de la Bahía. El palacio Mnebbi fue construido para Si Said, hermano del gran visir Bou Ahmed su original arquitectura y su preciada decoración hacen que las exhibiciones del museo destaquen aún más. 

El techo de la planta superior y los muebles de madera de cedro fueron cuidadosamente tallados y pintados por artesanos de Fez. En el patio exterior hay cipreses, canteros con flores, senderos decorados y una fuente protegida con un dosel. Todo esto en su conjunto crean un ambiente acogedor e íntimo. El espectacular patio interior se encuentra bordeado por columnas decoradas con estilo morisco, el piso es de mosaico decorativo y en el centro hay una hermosa fuente.

La mayor parte de los objetos exhibidos proceden de la ciudad, aunque también hay algunas más situadas al sur del país. Este museo es considerado el más grande de la ciudad por su gran contenido de piezas que tiene en exhibición. Lo mejor de estos palacios es apreciar su enorme belleza y su decoración tan fina. Un dato curioso es que fue construido en la misma época en la que se construyó el Palacio de la Bahía.

En 1900 el palacio fue ocupado por las autoridades del Protectorado Francés. Y en el año 1932 el inmueble pasó a pertenecer a la Dirección General de Bellas Artes. A partir de ese momento varias zonas del mismo palacio decidieron formar parte del museo de arte marroquí. En el cual hay varios rincones con una belleza incalculable

10. Jardines de Menara

Los Jardines de la Menara se encuentran al sudoeste de Marrakech. Están inmersos en una leyenda mística a las puertas de los montes Atlas en el fondo. Se construyeron en el siglo XII por el Califa Almohade Abd al-Mumin. Su nombre Menara proviene de la pequeña pirámide verde que hay en el tejado del pabellón. 

Si se toma la decisión de llegar caminando a los jardines desde la Medina, el tiempo total será de alrededor de una hora. Para ello se debe tomar la Avenida de la Menara. Los jardines, localizados a un lado del barrio del Hivernage, nacieron alrededor del estanque artificial de agua levemente salada y un gran olivar. Un dato curioso y a resaltar es que dicho olivar es el más importante y antiguo de la ciudad por su tamaño y por la variedad de olivos que posee.

Lo asombroso es que el olivar y los frondosos cultivos que complementan el lugar, disponen del agua de la cordillera nevada del Atlas. Desde hace aproximadamente 9 siglos el agua del deshielo llega de las montañas por medio de un intrincado sistema subterráneo formado por canales naturales de aproximadamente 30 kilómetros.

En estos jardines se puede observar un estanque encabezado por un edificio que llama la atención y por miles de olivos que se riegan gracias al estanque. El edificio central que encabeza el lago fue encargado por el sultán Sidi Mohammed y se cuenta que en la antigüedad fue el sitio de los encuentros amorosos de los sultanes de Marrakech. La puesta del sol le da una agradable iluminación con las bellas montañas del Atlas de fondo. 

Los Jardines de la Menara proporcionan una enorme comodidad y atracción refrescante para los visitantes, a la vez que se disfruta del ambiente tradicional marroquí. Estos jardines se crearon durante el reinado de la dinastía Almohade, y su construcción fue por orden del rey Abdelmoumen Almohade, quien con su creación pensaba ayudar a los soldados y usarlos como un campo de entrenamiento para que los soldados se pudieran bañar y pudieran hacer un lugar propicio para la vida diaria como residentes. El edificio estaba decorado por frisos geométricos superpuestos, techos de madera, pinturas en las paredes e infinidad de formas de colores y zigzags. 

A este lugar se le conoce también como el Pabellón del Placer porque cuenta la leyenda que un antiguo sultán además de disfrutar allí de sus citas amorosas, cuando amanecía lanzaba al estanque a su amada después de haber pasado la noche con ella. Una historia trágica pero a la vez interesante que deja a todos sus visitantes boquiabiertos. 

11. Jardines Majorelle

Los Jardines de Majorelle fueron creados en 1924 por encargo del pintor francés Jacques Majorelle, hijo del diseñador Luis Majorelle, diseñador de muebles de estilo art nouveau. Jacques se asentó en Marrakech en 1919 para recuperarse de un fuerte problema de salud y al haber residido en la Medina quedó enamorado de la especial belleza de la ciudad de Marrakech. 

Actualmente los jardines tienen en su interior una inmensa variedad de plantas provenientes de los cinco continentes como cactus, bananeros, palmeras, cocoteros, naranjos, jazmines, agaves, bambúes, daturas, buganvillas, palmeras y muchísimas más. Majorelle era amante de la botánica y los viajes, por tal motivo que se dedicó a traer las más diversas plantas creando con todas ellas una enorme fantasía exuberante. Combinó en armonía colores y formas como una de sus pinturas. Además trajo más de quince especies de pájaros típicos.

La admiración que tuvo Jacques por Marrakech hizo que decidiera adquirir una gran zona de palmeras muy cerca de la muralla de la Medina y en ella diseñó este hermoso jardín botánico y un lugar para residir en él. Logrando hacer de este lugar su personal estudio de pintura. Los jardines son de la época del protectorado francés de Marrakech, y se encuentran ubicados en el barrio Guéliz. sus paredes y muchos detalles del jardín están pintados de color azul cobalto, y fue tanta la fama que obtuvieron estos jardines que se creó un nuevo color durante esa época, el “azul Majorelle”, con el que pintaron las paredes y la decoración de todo el jardín. 

En un inicio los Jardines Majorelle inspiraron al pintor para culminar sus obras y en 1947 se abrieron las puertas de los jardines a todo público. Desde el año de 1980 los Jardines de Majorelle pasaron a ser propiedad de Yves Saint Laurent que junto con su pareja se encargó de restaurar los jardines e incorporar nuevas especies de flores y plantas. Además de transformar parte del chalet en el Museo de Arte Islámico de Marrakech, exhibiendo su colección personal de África, Asia y arte islámico que se encuentran inmersas en el pequeño museo.

Estos jardines no son tan conocidos como los Jardines de Menara. Son totalmente diferentes, aunque cada uno en su particular estilo y belleza tiene su encanto. Al tener tantos árboles frondosos fue que gracias a ellos se logra respirar en su interior aire fresco, haciendo del ambiente un espacio muy agradable.

¿Cómo llegar a Marrakech?

La opción más común para llegar a la ciudad de Marrakech es por aire, aunque también se puede llegar por barco y por tierra. Por supuesto que todo dependerá de cuál sea el origen.

El avión es el medio de transporte más rápido y cómodo para visitar la ciudad de Marrakech en Marruecos. Se puede llegar con cualquiera de las múltiples compañías que vuelan desde Europa con destino a la ciudad marroquí. También si lo que se tiene es tiempo, el viaje en coche no se puede descartar.

El aeropuerto internacional de Menara (RAK) es el principal aeropuerto de Marrakech y se encuentra aproximadamente a 6 kilómetros de distancia al suroeste del centro de la ciudad. En el aeropuerto de Marrakech hay dos terminales, pero al ser muy pequeño no hay problema de perderse. El segundo aeropuerto más importante de Marruecos es el aeropuerto de Menar por detrás del Mohammed V de Casablanca.

El viaje en coche es obviamente más pesado, sin embargo, es la opción más barata que hay. Viajar en coche tiene la gran ventaja de que si es en el propio se lleva el control absoluto de todos los planes que se deseen hacer en Marrakech. 

Para llegar es imprescindible tomar un ferry para poder cruzar el estrecho de Gibraltar (desde España) y la ventaja es que sale un ferry cada hora. Para hacer este tipo de viaje es importante llevar un permiso de circulación, contar con seguro internacional y un permiso de conducir por la ciudad. Ya que se haya cruzado el estrecho, el trayecto final es de aproximadamente 600 kilómetros de distancia hasta llegar a Marrakech.

Es posible llegar a Marrakech en autobús, esta opción es para los que no quieren usar su coche y deseen una alternativa económica. La gran desventaja es que el trayecto es todavía más largo e incómodo. La mayor parte de los billetes de autobús llevan incluido el billete del ferry por el estrecho. En este tipo de viajes cabe la posibilidad de llegar con retraso por la duración del viaje y porque hay que atenerse a que todos los viajeros se presenten en aduanas e inmigración para pasar.

Mapa con los lugares imprescindibles que ver y visitar en Marrakech

Marrakech es una ciudad apasionante y llena de contrastes. Una ciudad que impresiona a todo viajero, desde su gente hasta los olores que se respiran en sus calles. Se trata de un lugar para visitar donde se puede vivir de cerca la cultura musulmana. Además, se trata de un destino barato, por lo que el transporte para llegar, el alojamiento y las comidas son siempre muy asequibles.

Antes de viajar es recomendable tomar las debidas precauciones, y tener presente todo tipo de situaciones, como por ejemplo, los traslados del aeropuerto a la ciudad o si se contrata a un guía durante todo el viaje para conocer la ciudad y sus alrededores. Y por supuesto el intentar no caer en las típicas mentiras en las que engañan a turistas para obtener unas monedas a cambio.

Para vivir la experiencia completa se debe recorrer la ciudad andando, sobre todo sus calles, el zoco y la plaza principal. El bullicio, su idioma, y su tan especial caos, más el sonido del llamado para el rezo, es una experiencia que hay que vivir al menos una vez en la vida. 

Para visitar la ciudad no hace falta que sea invierno o verano, ya que se puede disfrutar de todas las maneras posibles. Eso sí, habrá que tomar en cuenta, como en todos los destinos, las fechas de las celebraciones importantes para no pillar el viaje en medio de alguna celebración, o tomar sus respectivas precauciones. Así que solo queda coger los billetes para ver y visitar una ciudad mágica que llega al corazón de todo el que la visita. 

¿Qué ver en Marrakech?
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by Paula Esteban H. on ¿Qué ver en Marrakech?

Una de las ciudades de Marruecos que más me intrigan con diferencia. Me apunto los lugares para visitar así como el free tour con el guía local!